LECHERÍA ARGENTINA
SITUACIÓN ACTUAL, CONTEXTO INTERNACIONAL Y PERSPECTIVAS COMPETITIVAS

En este estudio, que fue presentado en la 6° Jornada Nacional de Forrajes Conservados en INTA EEA Manfredi, en abril de este año, se analizan la evolución sectorial lechera de los últimos años y nuestra situación actual.

Por Alejandro Galetto, Junta Intercooperativa de Productores de Leche (JIPL)

La situación actual y la evolución sectorial lechera de los últimos años se analizan a través del desempeño de los principales indicadores del “balance lácteo”, es decir, la producción, el consumo y el comercio exterior.

Luego, se discuten con mayor profundidad y desagregación la situación de los dos eslabones centrales de la cadena, la producción primaria y la transformación industrial. Luego se analizan los principales indicadores del mercado lácteo global (producción y comercio) y finalmente, combinando elementos de la cadena nacional y del mercado internacional, se presentan escenarios de perspectivas competitivas para el sector.

EVOLUCIÓN RECIENTE Y SITUACIÓN ACTUAL DEL SECTOR LÁCTEO
Producción de leche
En el Gráfico 1 se muestra la evolución de la producción de leche de Argentina en los últimos 15 años (2000-2014), notando en primer lugar que el eje vertical está cortado en 6000 millones de litros, lo que agranda las variaciones entre años, pero ello se hace para explicar mejor la evolución sectorial.
La primera parte de la serie, entre 2000 y 2006, muestra la drástica reducción de la producción nacional entre los años 1999 y 2003, como consecuencia de la crisis de mercado interno e internacional y sobre todo, la competencia con la producción agrícola, potenciada por el nuevo paquete tecnológico y la devaluación de 2002. La recuperación productiva fue también muy acelerada, y en 2006 se había alcanzado prácticamente el nivel de producción de 1999, máximo de la serie hasta ese momento.
El año 2006 es un buen punto de partida para el análisis comparativo del comportamiento de la producción de leche en los últimos años. En primer lugar, porque se había ya logrado volver a los niveles “precrisis”, y en segundo lugar, porque el entorno global cambió profundamente, en comparación con el inicio de la década, con precios internacionales mucho más altos. Así, lo que se observa es una caída de producción en el año 2007 (probablemente originado en la introducción de políticas de precios máximos de exportación más el efecto de problemas climáticos, particularmente en el primer semestre del año). Luego sobreviene una recuperación en 2008, y a partir de ese año la producción está casi estancada en 2009 y 2010, años en los que se combinan situaciones de problemas climáticos (sequías y elevados calores en verano) con caída de precios internacionales (2008- 2009).
En el año 2011 se produce una importante recuperación de la producción de leche, debido a la combinación de factores económicos (una mejora de la rentabilidad comparativa frente a la agricultura, particularmente en 2010) y climáticos (fue un año normal, tanto en lo que respecta a lluvias como a temperaturas). Luego, a partir del año 2012, la producción de leche se estancó nuevamente, y aunque no hay cifras oficiales aún, es probable que en el 2014 haya sido incluso inferior a la de 2011. Para el período completo 2006-2014 la tasa de crecimiento de la producción ha sido del 1,1% anual. 


En lo que respecta al corriente año (2015), si bien la información para el primer trimestre indica una caída de producción del 2% con respecto al mismo período de 2014, no habría que descartar una recuperación en el segundo semestre del año, tanto por razones estadísticas (la base de comparación) como por efecto de la gran cantidad de reservas de la que disponen muchos tambos, por los altos rendimientos de cultivos para silaje.
De cualquier manera, más allá de una posible recuperación productiva para el año en curso, ello no cambiará la visión más general del comportamiento del sector, que muestra un preocupante estancamiento en sus niveles de producción, cuyas causas y posibles soluciones se discuten más adelante. 

Comercio exterior
El único componente representativo del comercio exterior de lácteos de nuestro país son las exportaciones, ya que las importaciones son muy escasas en relación con la producción y el consumo global. La exportación, en cambio, tiene un impacto de importancia en el destino final de la producción (especialmente en leches en polvo y derivados de suero) y en la formación de los precios en el mercado interno.

En el Gráfico 2 se muestra la evolución de las exportaciones de lácteos en los últimos 20 años (1995- 2014). Hasta el año 2003 hay un crecimiento importante en volumen, pero el monto está prácticamente estancado, lo cual demuestra las condiciones deprimidas en las que se encontraba el mercado internacional en esos años.
A partir de 2004 en adelante comienzan a crecer en forma sostenida, aunque con altibajos, tanto los volúmenes como los montos exportados, registrándose un máximo en el año 2011, con 450 mil toneladas de productos (aunque el monto máximo se dio en el año 2013, debido a los mejores precios internacionales). De la misma manera que con el caso de la producción, luego del pico de 2011, las exportaciones permanecen estancadas, o incluso disminuyendo en volumen, lo que refleja la combinación de un consumo interno en leve crecimiento y la producción que no crece, que es el origen del problema. 

Consumo interno
El consumo interno de lácteos, que había llegado casi a los 230 litros de equivalente-leche por persona a fines de los ‘90, se desplomó con la crisis de 2001-2002, reduciéndose a unos 180 litros en los años 2002 y 2003. A partir de allí comenzó una recuperación sostenida, aunque sin alcanzar los niveles previos a la crisis, con un máximo de 214 litros por persona en el año 2012, y en los dos últimos años (2013 y 2014) se ha reducido a menos de 210 litros. Obviamente, esos valores son de consumo per cápita, y cuando se analiza el comportamiento del consumo agregado hay que tener en cuenta el crecimiento de la población argentina, que es del 1% anual (aproximadamente). Es decir, que si no hay cambios en el comportamiento individual, el consumo interno global crecería todos los años unos 90-100 millones de litros de leche.
Frente a las oscilaciones de precios del mercado internacional, el consumo interno ha mostrado en los últimos años una interesante capacidad para ayudar a sostener la demanda de productos lácteos, particularmente en el segmento de productos con menor capacidad de acceso al mercado externo (quesos de pasta blanda, productos frescos, etc.).

El contexto internacional

cuadro 3

Es decir, que el comercio internacional de lácteos ha aumentado significativamente, tanto en términos de volúmenes como en relación con la producción total, y se espera que esta tendencia continúe en los próximos años, porque el crecimiento de consumo se dará en una serie de regiones del mundo que no tienen las condiciones agroecológicas más adecuadas para la producción de leche.
Este entorno favorable en términos de cantidades no excluye dificultades que a veces ofrece el frente externo, particularmente en lo que respecta a las variaciones de precios. Como se puede observar en el Gráfico 3, donde se muestra la evolución del índice de precios internacionales de productos lácteos que elabora la FAO, que en el año 2007 tiene un brusco incremento, para volver a caer en 2009, y luego en 2012 y, finalmente, hay un caída importante en los precios que comenzó en el segundo semestre de 2014 y se mantiene en el primer bimestre de 2015.   
CuadroHay razones para pensar que esta fuerte volatilidad de precios en el mercado internacional se va a mantener en el tiempo, y ello es un dato a tener en cuenta para la cadena láctea nacional, ya que los precios internacionales son uno de los principales factores que influyen sobre la formación de los precios internos.

Afortunadamente, las estadísticas muestran que la volatilidad del mercado internacional no se traslada íntegramente al mercado nacional, y ello pudo apreciarse con claridad en el segundo semestre de 2014, cuando las cotizaciones en el principal mercado de referencia, que es la subasta electrónica de Fonterra alcanzaron valores de 2500 dólares por tonelada (para la leche en polvo entera, nuestro principal producto de exportación), pero las cotizaciones FOB de Argentina se mantuvieron holgadamente por encima de los 4500 dólares por tonelada (salvo el mes de noviembre, que fue algo inferior).

Este comportamiento de las exportaciones argentinas (explicado en gran parte por el mercado de Venezuela) permitió que el precio al productor en nuestro país prácticamente se mantuviera (en dólares por litro) mientras que el casi todo el mundo (la excepción, parcialmente, fueron los Estados Unidos) el precio de la materia prima al productor experimentaba fuertes bajas, que aún se mantienen.


Perspectivas competitivas
Si entendemos por “competitividad” que los productos de un sector puedan ganar mercado en forma sostenible, es relativamente directo inferir que la lechería nacional tiene un problema de competitividad, que surge de una dificultad para crecer a una tasa importante y de manera sostenida. Sin crecimiento, y con un consumo que crece como mínimo al ritmo del aumento poblacional, el saldo exportable será cada vez menor.
Estos problemas de competitividad habría que buscarlos en la operación de los dos principales eslabones de la cadena, la producción primaria y la industria láctea, no sólo internamente sino en el contexto en el que les toca funcionar, compuesto por un marco de precios relativos y a la disponibilidad de factores productivos (incluyendo como tal a la infraestructura básica). El marco institucional también es un elemento importante para la competitividad, sobre todo porque dados ciertos acuerdos políticos, debiese ser relativamente simple su adecuación.